Resumen Analítico del tema: “Antropología, el Estudio del Hombre”

Introducción: El hombre como ente pensante dentro del proceso creativo ocupa el más alto lugar, convirtiéndose así en la representación mas completa de la estructura trinitaria. Al hombre se le considera el pináculo de la creación, ya que crea entre Dios su creador y él un vinculo de comunicación racional que no existe en ningún otro elemento de la creación. De esta manera se cumple el deseo de Dios de hallarse representado de manera adecuada en el resto de su creación a través del hombre. Es bien sabido que entre toda la creación, el hombre es la obra que denota la capacidad creadora de Dios, con la cual establece una notoria capacidad entre el resto de la creación. En esta materia de Antropología, que comprende el estudio del hombre, se destacan elementos determinantes en la comprensión de la estructura espiritual, emocional, moral y también sociológica de este ente universal llamado hombre. Poniendo sobre mi la responsabilidad, me atrevo a decir que el hombre es una replica del carácter de Dios manifestada en un nivel menos divino. Partiendo desde aquí destaquemos algunos detalles importantes.
¿Por que fue creado el hombre? Tal vez esta sea la pregunta más inquisitiva que se desarrolle en la mente del mismo hombre. Y ciertamente en declaraciones arbitrarias el hombre ha llegado a cuestionar su propia existencia diciendo: ¿Por qué naci? ¿Por qué Dios me hizo? Indiscutiblemente que la pregunta no busca una respuesta ajustada a la pregunta simplemente; sino que la pregunta lo que busca es inculcar en el propósito divino y encontrar una razón más allá de una simple existencia. Y realmente es la mejor forma de encontrar y desglosar la verdad de que la razón principal que movió a Dios, fue el deseo o necesidad que Dios tuvo de ser representado en la comunidad cósmica, incluyendo los lugares celestiales. Se considera que Dios buscó en el hombre su propia gloria, y por medio de ella ser reconocido como el UNICO en las esferas celestiales así como a nivel de cosmos. Este hecho establece una función directa en el hombre como portador de esa responsabilidad y es la de GLORIFICARLE, siendo esta la principal función nuestra durante el período de vida que se nos sea concedida aquí en la tierra; aunque cuando indagamos la existencia mas allá de la muerte, encontramos como lo narra el libro de Apocalipsis, que en el mas allá se continua con el reconocimiento de Dios como un Ser UNICO y seres celestiales se postran y le glorifican sin cesar día y noche. Para el hombre de la tierra, este hecho le da significancia y legalización a su existencia, haciendo que su paso por la tierra deje una estela significativa con destellos de valores que lo asocien con su creador al punto que desee ser como Dios en los aspectos de moralidad y justicia. Así que claramente se puede establecer que la respuesta a Por que Dios nos creo no es otra que Dios quería que cada hombre le glorificara como su creador. El hecho de glorificarle descansa en que fuimos creados a la Imagen de Dios, status que garantiza esa glorificación, ya que al tener Su imagen y semejanza el hombre es “como Dios” y es capaz de representarlo en momentos determinantes y decisivos. El glorificar a Dios produce en el hombre que racionalmente lo hace un gozo indescriptible y las acciones glorificadoras nos hace recordar que el salmista refleja ese gozo satisfactorio cuando comparte su experiencia diciendo: “Me llenaras de alegría al estar en tu presencia…, (Salmo 27:4). Por lo tanto al glorificar a Dios le damos un sentido superior y falto de egoísmo a la vida que Dios nos ha dado.
Tal vez esta sea una declaración nueva o atrevida, pero lo que se interpreta en el hecho de Dios crear al hombre, es que El quería hacer un ser que fuera como El. Cuando se traduce la palabra hebrea “tselem” esta nos lleva al vocablo en español “imagen”; y cuando hacemos lo mismo con la palabra hebrea “demut”, llegamos a la palabra en español semejanza y ambas indican “algo que es similar” aunque no son idénticos. Nadie se ha podido poner de acuerdo en las connotaciones de este status de semejanza e imagen, y regularmente se habla de tener las capacidades intelectuales, emocionales y espirituales de Dios, las cuales le permiten al hombre pensar y decidir como Dios, haciendo uso de esta manera de esa semejanza e imagen. Se puede decir que cuando los antiguos leían o sabían que el hombre había sido creado a imagen y semejanza de Dios, lo que entendía si lugar a duda era que el hombre era como Dios y que en los días de su vida tenía la responsabilidad de representarle. En otras palabras, Dios creo a un “hombre que sea como nosotros y que nos represente en medio de los demás” Tal vez esto sea lo que esta intrínsecamente en la declaración de Génesis 1:26-27.
Dentro de la estructura no física del hombre hayamos “estados” no explicados que regularmente los identificamos como “alma” y “espíritu” y ambos producen una nueva incógnita. ¿Qué se quiere decir con alma y espíritu? En vano se ha tratado de investigar, analizar e indagar los adentros del hombre para conocerlo y dar respuestas a eternas y difíciles preguntas. ¿Cómo está compuesto el hombre? Regularmente se habla de un hombre “tricótomo” aunque casi nadie se atreve a explicarlo, pero que todos se atreven a establecer que existe una área llamada “alma” donde descansa la mente, las emociones y la voluntad. Y nadie puede negar que estas sean partes notorias del hombre que son usadas en cada momento para poder desarrollarse de manera capaz entre los demás y en sus tareas cotidianas. Cuando se establece esta tricotomía se le da cabida al punto teológico de que el alma puede servir a Dios o revelarse contra El. Así se establece que cuando el alma responde obedientemente a Dios es premiada con vida eterna, pero cuando desobedece, entonces es muerta. Yo creo que realmente el alma es otra parte del hombre, dada para que independientemente pueda desarrollar una vida independiente pero al mismo tiempo responsable de sus hechos y merecedor de premios y reconocimientos cuando responda adecuada y responsablemente a su deberes y responsabilidades. Cuando la biblia dice que Dios soplo y puso su halito de vida en el hombre se interpreta que lo que sucedió fue una transferencia de personalidades: ¡De Dios al hombre! El alma del hombre manifiesta la personalidad de Dios en su aspecto moral, mientras que el espíritu denota lo sobrenatural de Dios en el individuo. Esta “alma” es la que se redime cuando alguien permite la ejecución de la obra redentora de Jesús en su vida; y es al “espíritu” que se recurre para que interprete el mensaje divino y lo redacte al alma la cual tendrá que tomar su decisión. Aunque muchas veces la biblia no hace diferencia entre alma y espíritu, si establece que el hombre en su totalidad, será redimido y transformado para poder vivir en la eternidad con un cuerpo celestial. Tal vez el punto mas importante es que cuando el hombre ejecuta una acción, la ejecuta de manera total, participa todo su cuerpo, su alma, su cuerpo y su espíritu, dando así responsabilidad y al mismo tiempo legalidad a sus actos. El apóstol Pablo tal vez haga una relación mas completa de esta asunto cuando dice: “Pero si Cristo esta en vosotros, el cuerpo a la verdad esta muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia” (Rom. 8: 10. Cuando Jesús habla de las diferentes estructuras que componen al hombre hace una diferencia entre ellas diciendo: “No temáis al que puede matar al cuerpo pero no puede matar al alma; mas bien temer al que puede destruir alma y cuerpo en el infierno” (Mt. 10:28); haciendo así una diferencia bien marcada y estableciendo ciertamente que cada una de estas partes son diferentes.
No se puede hablar de las “glorias” del hombre sin avistar en la distancia sus riegos y posibilidades, ya que ciertamente el hombre es coronado de gloria, casi mayor que los ángeles; pero también es cierto que esa gloria está en constante amenaza y dependiendo como el hombre maneje su vida la mantendrá o la perderá. Como un espectro aparece en el hombre lo más oscuro de su existencia. El Pecado.
El pecado es un status donde el hombre comienza a vivir después de censurar la orden de Dios y decidir en conjunto con Eva de probar lo desconocido y suponer como Dios reaccionaria. Tras caer en la bien elaborada trampa de Satanás la pareja del paraíso cae en el pecado y así da cabida sin saber a un largo camino que parece no tener destino ni da señales de terminar. La pregunta obligada será: ¿Qué es el pecado? Los griegos definen el pecado como “la acción del hombre al errar el blanco” Se trata de no dar en el blanco cuando intentamos obrar de manera correcta pero que al tratar, no lo logramos. Eso en la mentalidad griega era “pecar”. Es una buena aplicación cuando nos damos cuenta que nuestra vida esta llena de decisiones, las cuales son consideradas como “tirar a un blanco” ya que muchas veces ignoramos plenamente si la acción será correcta o equivocada. El hecho de venir con los resultados del pecado, hace que el hombre sea un pecador “por naturaleza”. Cuando en el mundo teológico se define al pecado se hace diciendo que el pecado es violación a la ley de Dios, es no conformarse a las exigencias de Dios y su ley o principios establecidos en su Palabra. Esto incluye acciones y actitudes. Se puede establecer que el pecado tiene sus origines en algún lugar en el cielo, aunque no fue Dios quien peco; sino que Satanás origino una actitud de sublevación que dio como resultado una revuelta celestial que termino con una confrontación entre Dios y Satanás y sus aliados. El pecado como actitud trascendió y permaneció por los siglos en el ámbito como un espectro invisible hasta que encontró una ocasión para manifestarse en el ámbito cósmico, material y humano cuando apareció una criatura nueva a quien Dios quería poner como su representante en el mundo.
Lo que le da legalidad al poder del pecado en el hombre es que éste, lo ejecutó voluntariamente y con conocimiento de que lo que hacía iba en contra de lo establecido por Dios. De ahí en adelante el pecado es parte de casi todas las acciones sociales y actitudes morales del hombre. Por eso, una vida que agrada a Dios tiene capacidad de pureza moral no solamente en las acciones visibles, sino también en aquellas situaciones que se elaboran en el corazón haciendo claro que nuestras acciones sociales tienen un gran sentido de amo hacia Dios. Cuando hablamos de la existencia del pecado no hablamos simplemente de una acción equivocada, sino que establecemos de manera categórica la existencia de dos grandes poderes que aunque algunas veces el “hombre natural” no lo ve así. Se puede hablar claramente de dos poderes “supremos”: el bueno representado por Dios y sus aliados y el malo, que ya sabemos esta representado por Satanás. Pero aunque de la idea de una confrontación entre ambos para buscar su permanencia, tenemos que decir que no es así; ya que Dios sigue siendo el “rector” supremo en toda la creación. Tampoco podemos decir que el pecado como “evento histórico” sorprendió a Dios y lo hizo activar sus poderes en busca de una solución de emergencia; al contrario la salida divina dio de antemano una solución universal y eterna. Una de las cosas que mas sentimos es que el pecado y sus consecuencias haya tomado un “estatus de permanencia” y ahora cada ser humano (sin olvidar que aun la naturaleza lo vive) tenga que vivir bajo sus consecuencias aunque al aceptar el remedio de Dios este efecto sea temporal. Gloria a Dios que el momento viene cuando todo pasara y será simplemente una pesadilla superada. Esto es lo Pablo explica cuando habla de que por un hombre vino el pecado a todos los hombres; pero por otro hombre, Jesucristo, vino la justicia a todos los hombres.

No se puede terminar el tema del pecado sin hacer una mención a una pregunta obligada: ¿Qué pasa cuando un hombre peca? Algunos seleccionan la pregunta y dicen: ¿Qué pasa cuando un creyente peca? ¡Bueno, es una buena pregunta! No se puede llegar al fondo de este asunto y mencionar todos los efectos; pero hay algunos que son básicos:
1. Es bueno decir que nuestra relación legal que tiene que ver con paternidad, asistencia, seguridad, y esperanza no cambia. Y esto esta basado en la obra redentora de Jesús y que garantiza que el pecado ya no tiene poder sobre nosotros. ¡Gloria a Dios!
2. Temporalmente la relación con nuestro Dios se interrumpe, y en alguna manera repercute en nuestra vida evangélica. Pero damos gracias a Dios que legalmente tenemos a nuestra disposición a un abogado que nos representara en el momento de asistir a un juicio (1Juan 2:1).
3. Establece la “verdadera militancia” del creyente. No se puede negar que aun en los mejores terrenos, la cizaña existe y solo cuando es expuesta a una cosecha divina se puede verificar su existencia y decidir que hacer con ella.
Aunque nuestros pecados han sido perdonados, sabemos que a nuestro alrededor hay otros creyentes que a pesar de saber de la existencia y cruel resultado del pecado, deciden, tal vez por ignorancia o rebeldía, vivir en él así exponerse al resultado eterno de ser echados en Lago de Fuego.
En el analice de este tema usando el texto de Teología Sistemático, tenemos que tocar un tema de gran relevancia que da un viraje notorio a favor del hombre y en contra del pecado. Es sabido que el pecado causó una separación entre Dios y el hombre, este hizo que Dios desplegara toda su capacidad salvadora y estableciera una nueva forma de convivir con el hombre bajo nuevas reglas. Es de nuevo la iniciativa de Dios de establecer PACTOS que de ahora en adelante regularía las relaciones entra ambos: Dios y hombre.
Entre las formas de relación que Dios ha usado desde el principio para convivir con el hombre están Los Pactos, que no son más que acuerdos que mutuamente se firman o se acuerdan para desarrollar una relación favorable a ambas partes, dejando un espacio de posibilidades que permiten que si alguna de las partes lo viole, se rompe el acuerdo o se modifican las reglas. Es cierto, en cada ocasión Dios ha permanecido fiel a su pacto y el hombre lo ha roto, haciéndose entonces dependiente de la Gracia y Benevolencia divina para no perecer de un todo. Se debe hacer notar que un “pacto” es la iniciativa de Dios y no es en ninguna manera una negociación que el hombre inicia para dar a Dios una oportunidad o hacerle ver su equivocación en alguna decisión o aptitud. Detrás de todos los pactos hay un fin, o un deseo de Dios y es que el hombre modifique su conducta, asuma una nueva aptitud y lo acepte como su Dios. El Pacto de Dios con el hombre incluía esta promesa de que mientras el hombre se mantuviera en el pacto, dijo Dios: “Yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo” (Jeremías 31:33). En ocasiones se usa el termino “acuerdo” para denotar un compromiso entre dos partes; sin embargo los traductores griegos hacen notar que en este caso no se traduce la palabra griega “syntheke” que indica acuerdo entre dos, porque solamente la parte divina esta involucrada. Sin embargo usaron una menos usual “diadsekh” que en este caso es mas apropiada ya el acuerdo o pacto descansa mas sobre los hombros de Dios y no del hombre. Los pactos siempre han estado incluidos en las relaciones Dios-Hombre y cada uno de ellos difiere en alguna manera aunque en su fin siempre ha habido algo en común, o en otras palabras, siempre el fin ha sido el de preservar los derechos y bienestar del hombre y de hacer notar que Dios es el soberano yo eso no cambiara no importa cuan bueno o malo sea el hombre. Es bueno mencionar a vuelo de pájaro algunos de los diferentes pactos que Dios ha editado a favor del hombre. Es posible que todos no estén de acuerdo con los pactos aquí mencionados, pero debido al estudio de esta materia debemos tomarlos como tales.
El Pacto de Obras: Aunque la narración bíblica no incluye la palabra pacto, se podría decir que existe debido a la serie de reglas que de manera clara Dios establece para una buena relación entre el Adán y Eva, las cuales al ser cumplidas satisfacería las demandas de Dios; lo cual seria interpretado por Dios como una sujeción de parte de ellos a su voluntad (Gn. 1:28-30). Este pacto básicamente comprendía el hecho de que al Eva y Adán obedecer recibirían toda una vida sin necesidades ni perturbaciones de ningún tipo; al contrario, si desobedecían entonces el resultado o castigo seria una indefinida muerte separados de Dios y sus beneficios. Este fue el lamentablemente y desfavorable resultado porque Eva obedeció a la serpiente y consecuentemente Adán cayo bajo la sutileza de ambos. Básicamente este es un pacto de obras porque tanto a Eva como a Adán le correspondía “obrar” de acuerdo a lo establecido y manifestar su compromiso con un “andar” cotidiano bajo lo establecido por Dios. Al no cumplirse esto, ellos rompieron el pacto (Oseas 6:7).
El Pacto de Redención: Para algunos teólogos este pacto no constituye un acuerdo entre Dios como padre y el hombre como creación; sino un acuerdo que involucra a todos los componentes de la Trinidad, basado en el hecho de que la redención no es una acción unitaria e independiente de uno de ellos; sino que la realización de tal hecho requería el acuerdo, la exposición y la acción voluntaria de cada uno de ellos. Nosotros podemos ver en la narraciones de los evangelios que cuando Jesús habla de su venida a la tierra y por ende de su misión redentora siempre incluye al Padre como un participante directo en lo que el llama “los negocios de su Padre”. De la misma manera cuando habla de regreso al cielo como un paso necesario en la culminación de su misión, expone claramente la participación del Espíritu Santo como un agente preservador y vigilante de su obra mientras el regresa. Esta redención requirió de un arreglo previo donde requisito necesario seria que Jesús asumiría un cuerpo que aunque perecedero seria necesario para su vivencia humana y también como una identificación con el género humano aquí en la tierra. En el otro caso, el Espíritu Santo estaría alerta porque en un momento determinado El tendría que asistir de manera inmediata y relevante en la resurrección de Jesús tal como Pablo dice que el mismo que “levantó a Jesús, nos levantará también a nosotros”. Claro, no podemos ignorar la participación primaria del Espíritu Santo cuando “vino sobre” María para que esta fuera el recipiente de la esencia divina que luego daría a luz a Jesús. Debemos decir que este pacto es distinto a cualquier otro porque aquí todos participan de manera acorde y voluntaria con un conocimiento mutuo de las consecuencias.
El Pacto de Gracia: Es importante que mencionemos que después de la caída del hombre en el edén, toda la historia del hombre se ha visto intervenida por una continua intención de Dios de redimirlo por medio de constantes intentos salvadores utilizando a sus patriarcas, luego profetas, eventos y al final la prometida venida de un “mesías”. Todo esto fue el esfuerzo divino de retornar al hombre perdido a su anterior estatus, sin que en esos intentos pudiera lograrlo. Este pacto toma un giro nuevo y de una perspectiva diferente, ya que no se trata de un acuerdo entre Dios y un hombre, sino que se trata de un acuerdo entre el mimo Dios la simiente de aquel hombre que ahora esta representado por un pueblo al cual Dios lo adopta como su pueblo. Las partes aquí se identifican como Dios y el pueblo, llegando a constituirse un nuevo elemento judicial: Jesús seria un “Mediador entre Dios y ese pueblo que luego daría ocasión para “otro pueblo”: La Iglesia (He. 8:6; 9:15). En este pacto de Gracia surge un elemento nuevo que de ahora en adelante será el requerimiento necesario para hacerse meritorio de los beneficios de lo acordado. Este elemento se define como “FE”. Y esta fe debe estar puesta en el acto redentor realizado por Jesús en la cruz, lo cual fue establecido por la “trinidad” de tendría que ser así y de forma definitiva acabar con todos los anteriores intentos para que ahora el mundo entero sepa que “no hay otro nombre debajo del cielo dado a los hombres en el cual pueda ser salvo”. El pacto de gracia cierra todos los intentos y ahora Dios espera pacientemente la decisión de cada hombre de ser salvo o perderse. Aun así, este pacto también requiere obediencia a los mandamientos de Dios establecidos en un nuevo pacto escrito ahora no en piedras sino en el corazón de cada creyente. Con este pacto la promesa de vida eterna continúa pero ahora su realización tiene un recipiente nuevo: La Iglesia. Y tiene un nuevo paraíso “cielos y tierra nuevos”.
Conclusión: Se podría decir muchas otras cosas relacionadas, pero sea suficiente estos argumentos para entender que el esfuerzo de Dios hacia el bienestar del hombre siempre fue más allá de lo malo del hombre y se orientó no a la capacidad de hombre sino a la de él. Y esto es todavía así, ya que aun hoy Dios sigue haciendo esfuerzos a favor de los perdidos y hasta el último momento espera a que todo hombre se arrepienta y alcance el regalo que gratuitamente quiere darle.

Presentado por:
Samuel MacAdam
3642 Copenhagen St. Sarasota
Florida, 34234
(941) 822-2492

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