LA CULPA, EL RENCOR Y LA ANSIEDAD

Realizado por Lisette Urosa Brakha

Introducción

“La Emoción, es un término empleado frecuentemente como sinónimo de sentimientos y que en psicología se emplea para denominar una reacción que implica determinados cambios fisiológicos, tales como la aceleración o la disminución del ritmo del pulso, la disminución o el incremento de la actividad de ciertas glándulas, o un cambio de la temperatura corporal, el miedo, por ejemplo, puede desencadenar manifestaciones violentas, como el temblor de los miembros o una momentánea pérdida de voz. Todo ello estimula al individuo, o alguna parte de su organismo, para aumentar su actividad. Las emociones brotan como respuesta inmediata a un estímulo externo, o son el resultado de un proceso subjetivo, como la memoria, la asociación o la introspección”.

La función de las emociones es prepararnos para la acción en un momento determinado, encausar nuestro comportamiento futuro y facilitar nuestra interacción social. Estas pueden ser positivas o negativas. Las positivas, ayudan al individuo a reaccionar favorablemente ante una situación determinada; las negativas son desfavorable para las personas y suelen traer consecuencias desagradables, e incluso ser auto destructivas; de cualquiera de las dos formas, son el resultado de las cosas que percibimos de nuestro entorno y como, en nuestro pensamiento, procesamos esa información. Así que puedo atreverme a decir, que las emociones que experimentamos son el resultado de nuestras conductas y de aquello que pensamos.

Luego de haber estudiado el texto “El Arte de Aconsejar Bíblicamente” escrito por el Dr. Larry Crabb Jr., las emociones de la culpa, el resentimiento y la ansiedad se convierten en la meta de estudio y las protagonistas de este ensayo. El reto es ahondar en lo qué son y representan para los seres humanos estas emociones, que de antemano considero negativas, y cómo a través de los principios establecidos por la palabra de Dios, las mismas pueden ser encausadas correctamente bajo la influencia y señorío del Espíritu Santo.  

Desarrollo

La culpa

El doctor Keith G. Olson describe la culpabilidad como: “Una realidad dolorosa y destructiva que juega un papel muy importante en muchos de nuestros trastornos psíquicos, emocionales y físicos. Quentin Hyder, psiquiatra cristiano, describe de la siguiente manera esta compleja emoción: Es una parte del conocimiento desagradable de que se ha hecho algo malo. Es en parte temor al castigo. Es vergüenza, arrepentimiento o remordimiento. Es resentimiento y hostilidad para con la persona en una posición de autoridad contra quien se ha hecho lo malo. Es el sentimiento de que uno vale poco o es inferior”.

Olson continúa explicando cómo las iglesias han fomentado los sentimientos de culpa entre los cristianos de la siguiente forma: “Creo que la iglesia a enseñado que los sentimientos de culpa de los hijos de Dios proceden de Dios. Creo que la razón por la cual la iglesia ha igualado los sentimientos de la culpa con la voz de Dios se debe a que no ha sabido distinguir entre tres tipos de sentimientos de culpabilidad.

  1. La culpa civil o legal: significa la violación de las leyes humanas. Es una condición o estado más que un sentimientos o emoción
  2. El sentimiento de culpabilidad teológica: se refiere a la violación de las normas divinas. La Biblia indica que cada uno somos teológicamente culpables, pero el sentimiento de culpa teológico no es un sentimiento o una emoción, es una condición o estado en que nos encontramos.
  3. El sentimiento de culpabilidad psicológico: es la experiencia punitiva, dolorosa, emotiva que generalmente llamamos sentimientos de culpa. A diferencia de los anteriores este si es un sentimiento o emoción”.

Las causas de los sentimientos de culpabilidad psicológica son variadas y afectan al individuo desde diferentes ángulos, entre estas causas podemos encontrar: Las experiencias que ha tenido una persona en el pasado y cómo éstas han generado una expectativa de sí mismo, que varia dependiendo de cuál fue la información que recibió de niño de lo que era bueno y de lo que era malo. Las presiones sociales y los sentimientos de inferioridad.  Un aprendizaje inapropiado de lo que es el perdón y el castigo, y el resultado de las falsas creencias de que se es feo, estúpido, lento, que no valgo nada o que debo ser perfecto.

Estos sentimientos van socavando en la moral de las personas y son capaces de generar condenación, incapacidad de relajarse, generarse daño a sí mismo de forma inconsciente, rebelión ya sea contra sus padres o las autoridades en general, hasta la negación o racionalización de lo que están sintiendo mediante la justificación de fracasos y equivocaciones.

La Biblia tiene respuestas para abordar estos sentimientos, y para poder hacerlo debemos primero entender que la culpabilidad teológica no es una emoción como ya mencionamos, sino una condición; la persona es culpable cuando ha quebrantado la ley de Dios, lo que hace que entre esta condición y el pecado no haya mucha diferencia. De hecho la Biblia no habla de sentimientos de culpa. Se trata de que Dios permite que se genere un sentimiento de tristeza por la trasgresión cometida, tristeza que tiene como objetivo el arrepentimiento y la salvación. Pablo en 2 Corintios 7:8-10 nos explica un tipo de culpa que es constructivo y para el beneficio de quien lo experimenta, “Porque aunque os contristé con la carta, no me pesa, aunque entonces lo lamenté; porque veo que aquella carta, aunque por algún tiempo, os contristó. Ahora me gozo, no porque hayáis sido contristados, sino porque fuisteis contristados para arrepentimiento; porque habéis sido contristados según Dios, para que ninguna pérdida padecieseis por nuestra parte. Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte”. Otros pasajes que pueden ayudarnos a entender este concepto de un sentimiento de tristeza para arrepentimiento son:

1 Juan 1:8-10Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros”.

Salmo 32:1-5Bienaventurado aquel cuya trasgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado. Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad, Y en cuyo espíritu no hay engaño. Mientras callé, se envejecieron mis huesos. En mi gemir todo el día. Porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano; Se volvió mi verdor en sequedades de verano. Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová; Y tú perdonaste la maldad de mi pecado”.

El resentimiento

“Acción de resentirse. Sensación de rechazo o enojo hacia algo o alguien por sentirse perjudicado”.4 El resentimiento es una emoción destructiva que, poco a poco, va tomando control del individuo hasta llevarlo a reaccionar de formas inesperadas, incluso hacia ellos mismos. Este sentimiento surge cuando se tiene la sensación que ha sido victima del abuso de otro individuo, una persona que se ha sentido engañada, burlada, que siente una frustración profunda cuando no logra alcanzar una meta, o cuando la persona enfrenta ofensas ya sean verbales, directas o indirectas, las injusticias a la que las personas se ven sometidas y el temor, los hacen propensas a resentirse y fomentar en ella un sentimiento de odio hacia la persona o circunstancia que la ha afectado.  En otros casos, el rencor surge en los individuos como una reacción aprendida, de aquellas personas significativas que fueron de ejemplo para ellos en sus primeros años de vida.

Los efectos del resentimiento pueden llegar a ser, el retraimiento o la introversión, esto es tratar de aislarse de la circunstancia que esta afectando a la persona, ya sea encerrándose en su habitación, saliendo de la ciudad, reaccionando con ansiedad, tención o depresión. También puede afectar físicamente generando dolores de cabeza, ulceras alta tensión y gastritis, así como pensamientos de auto lastima.  La Biblia nos enseña que el perdón es el mejor remedio para este sentimiento. El perdonar a aquellos que nos ofenden es el medio para traer sanidad a nuestros corazones y restaurar las relaciones dañadas. El perdón nos da esa libertad que se pierde cuando la persona se vuelve esclava de sus sentimientos de rencor, odio e ira.

Perdonar no es otra cosa que apartar, soltar y sacar de nuestro corazón todo sentimiento negativo que se haya levantado contra nuestro prójimo.

Jesucristo vino a libertarnos, mientras más perdonemos más libre seremos, se deben entregar todas las áreas del corazón y dejar que sea Él quien gobierne, Él desea que perdonemos y amemos de corazón a nuestro prójimo.

Efesios 4:30-32 declara, “Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención.  Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia.  Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo”.

Marcos 11:25-26 dice, “Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas. Porque si vosotros no perdonáis, tampoco vuestro Padre que está en los cielos os perdonará vuestras ofensas”.

Colosenses 3:13-14 dice, “Soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros. Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto”. Y Lucas 17:4, “Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día volviere a ti, diciendo: Me arrepiento; perdónale”.

La Ansiedad   

“La Ansiedad, es el temor anticipado de un peligro futuro, cuyo origen es desconocido o no se reconoce. El rasgo central de la ansiedad es el intenso malestar mental, el sentimiento que tiene el sujeto de que no será capaz de controlar los sucesos futuros. La persona tiende a centrarse sólo en el presente y a abordar las tareas de una en una. Los síntomas físicos son tensión muscular, sudor en las palmas de las manos, molestias estomacales, respiración entrecortada, sensación de desmayo inminente y taquicardia. Los trastornos de ansiedad son los trastornos mentales más comunes en los países occidentales. Además hay evidencia de que el trastorno de ansiedad se da en más de un miembro de la misma familia”.

Algunas de las causas de la ansiedad podemos encontrarla en los temores que las personas van acumulando a lo largo de sus experiencias, también el temor a los eventos por ocurrir; por ejemplo el temor a tener que presentar un examen, la posibilidad de que los padres se divorcien, en fin cualquier amenaza real o percibida. Es la reacción a necesidades no satisfechas, o a creencias falsas.

También se puede desarrollar la ansiedad como consecuencia de estar en medio de un ambiente hostil, donde predominan los conflictos. Como lo expresa Jhosh MacDowel en su libro “Manual para Concejeros de Jóvenes”, hay tres clases de conflictos que producen ansiedad: “Un conflicto causado por la tendencia a querer lograr dos metas deseables pero incompatibles. Un deseo de hacer como de no hacer algo. Cuando nos enfrentamos a dos alternativas, ambas pueden ser desagradables”.

La ansiedad, como las emociones que ya hemos estudiado, trae consigo consecuencias perjudiciales para los individuos que la padecen;  es muy sabido que la ansiedad  puede generar problemas físicos, como úlceras, dolores de espalda y cuello, problemas para conciliar el sueño, dolores de cabeza, fatiga y perdida del apetito, entre otros. Asimismo, tienen efectos sobre la conducta de los individuos, estos pueden alterarse con facilidad cuando antes no lo hacían, hay quienes tratan de hallar alivio a esta ansiedad refugiándose en el alcohol, las drogas o una actitud de constante negación.

La ansiedad también provoca trastornos psicológicos, como: “Desorden de ansiedad por alguna separación, este efecto se manifiesta en una preocupación miedosa de separarse de una persona importante. Desorden de evasión en la adolescencia, cuando el adolescente anhela relacionarse calidamente con sus familiares, pero evita todo contacto con extraños. Reacciones de fobia, estas reacciones incluyen el miedo a estar con gente y en situaciones en las cuales sería difícil escapar, por ejemplo el miedo a los lugares cerrados. Anorexia y bulimia nerviosa, estos desordenes alimenticios se caracterizan por la ansiedad de uno siente por su peso y apariencia”.

La palabra de Dios nos enseña en innumerables versículos que Él es un Dios de amor y protección, que en Él siempre podremos estar confiados y que su poderosa mano nos protegerá. Él nos enseña que guardará en completa paz a aquél cuyo pensamiento en Él persevere, esta es una premisa clave para contrarrestar la ansiedad, pues está es en esencia el temor anticipado de un peligro futuro; las escrituras declaran en el Salmo 3 versículos del 3 al 6: “Mas tú, Jehová, eres escudo alrededor de mí; Mi gloria, y el que levanta mi cabeza. Con mi voz clamé a Jehová, Y él me respondió desde su monte santo. Yo me acosté y dormí, Y desperté, porque Jehová me sustentaba. No temeré a diez millares de gente, Que pusieren sitio contra mí”; en Isaías 54:17, “Ninguna arma forjada contra ti prosperará, y condenarás toda lengua que se levante contra ti en juicio. Esta es la herencia de los siervos de Jehová, y su salvación de mí vendrá, dijo Jehová”; y en Mateo 6:31-34, “No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal”.

Identifiquemos estas emociones

Aprender a identificar y canaliza estas emociones es un factor importante en la vida de cada creyente, al hacerlo podrá dar un paso significativo en su crecimiento emocional y espiritual. Para ayudar a esta identificación, he realizado una pequeña encuesta que hace referencia a cuál es la emoción que predomina en un individuo, en función de cómo reacciona a una serie de eventos y algunas citas bíblicas que podrán ayudarlo a canalizar sus necesidades.

Encuesta

Responde estas sencillas preguntas y descubre que emociones predominan en ti y como la Biblia te puede ayudar a controlarlas.

  1. ¿Te sientes muy mal al saber que has hecho algo malo?  Si___No___
  2. ¿Sientes temor al castigo? Si___ No___
  3. ¿Sientes vergüenza, arrepentimiento o remordimiento, con frecuencia? Si ___ No ___
  4. ¿Te has sentido últimamente inferior o de poco valor? Si ___ No ___
  5. ¿Reaccionas agresivamente cuando te has sentido víctima del abuso de otro individuo? Si ___ No ___
  6. ¿Siente frustración profunda cuando no logra una meta? Si ___ No ___
  7. ¿Tiendes a rechazar con rabia a aquellas personas o circunstancias que sientes son injustas?  Si ___ No ___
  8. ¿Sientes con frecuencia tensión muscular, sudor en las palmas de las manos, molestias estomacales, respiración entrecortada, sensación de desmayo inminente y taquicardia? Si ___ No ___
  9. ¿Tus experiencias pasadas te han hecho sentir atemorizada de lo que puedes llegar a experimentar en el futuro? Si ___ No ___
  10. ¿Te sientes con frecuencia brumado por las actividades que debes realizar, generándote esto tensión y estrés? Si ___ No ___

Si respondiste “Si” a las primeras cuatro (4) preguntas, eres una persona que tiende a tener sentimientos de culpa. Una respuesta bíblica que podría ayudarte en el proceso de vencer estas emociones sería: 2 Corintios 7:8-10, 1 Juan 1:8-10, Salmo 32:1-5

Si respondiste “Si” a las preguntas 5, 6, 7 y 8, eres una persona que tiende a tener sentimientos de rencor. Una respuesta bíblica que podría ayudarte en el proceso de vencer estas emociones sería: Efesios 4:30-32, Marcos 11:25-26, Colosenses 3:13-14, Lucas 17:4

Si respondiste “Si” a las ultimas tres preguntas, eres una persona que tiende a sufrir de ansiedad. Una respuesta bíblica que podría ayudarte en el proceso de vencer estas emociones sería: Salmo 3: 3-6, Isaías 54:17, Mateo 6:31-34.

Si respondiste “Si” a las preguntas de forma alterna significa que de alguna manera tus emociones fluctúan en ti según las circunstancias que estas viviendo en el momento, esto no es negativo, pero te invito a que busques avivar el mover del Espíritu Santo cada día, para que sea Él gobernando cada vez más tus emociones.

Si estas sencillas recomendaciones no cubren tus necesidades de ayuda, te recomiendo que te dirigidas a un concejero de tu congregación o a un especialista de la salud.

Conclusión

Las emociones son un eje fundamental en el desempeño de todos los seres humanos, Dios nos creo con esa capacidad de sentir y expresar lo que sentimos. Estas emociones cuando son positivas edifican la vida de las personas, y las hacen sentir plenas, amadas y significativas. En cambio, las emociones negativas son capaces de dominar el corazón del hombre y deteriorarlo de una manera asombrosa, llevándolo a  su destrucción.

El objetivo de este ensayo ha sido definir tres emociones claves, la culpa, el resentimiento y la ansiedad. Entender cuáles son sus características y cuáles son sus consecuencias y, a la vez, encontrar versículos bíblicos claves que permitan enfrentar y canalizar dichos sentimientos. A través de la elaboración de esta pequeña encuesta, que en sí misma condensa toda la información estudiada, esperamos aportar un grano de arena en este proceso de renovación espiritual al que todos somos llamados por medio del Espíritu Santo.

En la medida que los principios de la Palabra comiencen a formar parte activa de nuestras vidas y tomen el dominio de nuestra mente, estaremos actuando de acuerdo a la voluntad de Dios y, esto a su vez, traerá como consecuencia que nuestras emociones reflejaran de una forma significativa el carácter de Cristo en nosotros y no las respuestas aprendidas e inconscientes de la vieja naturaleza de pecado.

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