Biblia, Educación Cristiana

La inversión de Jesucristo fue en sus discípulos

Acabamos de pasar la semana de la Pascua y el domingo de resurrección es para los cristianos, ¡un día especial!

Hace un par de días, estuve leyendo sobre la lista de los multimillonarios con fortunas que sobrepasan los mil millones de dólares. Forbes cuenta con casi 3,000 alrededor del mundo, con una acumulación de trillones. Mientras leía, me fasciné al ver las distintas industrias y como Asia, tiene el mayor número de multimillonarios, le sigue Estados Unidos y luego Europa. Aunque Asia tiene más multimillonarios, el valor acumulativo del grupo de Estados Unidos es mayor. Estas personas viven con fortunas extraordinarias que para la mayoría de personas es inconcebible.

Mientras meditaba en esto recordaba a Jesús y me preguntaba, ¿que Jesús acumuló durante su paso por la tierra?. Al leer la Escritura, me doy cuenta que, solamente tenía su ropa, nunca construyó una casa, menos un palacio, nunca tuvo un bote, porque tuvo que utilizar el de los pescadores cuando necesitó uno, nunca compró caballos. La Escritura no dice nada al respecto, pero si nos asevera, que todo lo que tenía fue dividido a través de una apuesta: “Entonces dijeron entre sí: No la partamos, sino echemos suertes sobre ella, a ver de quién será. Esto fue para que se cumpliese la Escritura, que dice:

“Repartieron entre sí mis vestidos, Y sobre mi ropa echaron suertes. Y así lo hicieron los soldados.” Juan 19:24 RV1960.

Jesús el hijo de Dios, el creador del Mundo, no se preocupó por acumular oro, animales, esclavos. Por el contrario, todo su esfuerzo lo puso en Predicar el Evangelio y en sus discípulos.

El llevar el Evangelio cuesta dinero. Aunque el evento sea pequeño hay que movilizar equipo, sillas, personas y hay que buscar sistemas para atraer a las personas. Jesús tuvo que alimentar: “Y tomó Jesús aquellos panes, y habiendo dado gracias, los repartió entre los discípulos, y los discípulos entre los que estaban recostados; asimismo de los peces, cuanto querían.” Juan 6:11. Aunque este milagro, directamente no costó dinero, hoy en día, si hacemos una actividad ya sea que demos pizza, panes con frijoles o simplemente una tostada, cuesta dinero. Pero Jesús nunca se preocupó, ya que Él sabía lo que había que hacer.

Por otro lado el financiamiento de Jesucristo lo realizaron mujeres como dice la Biblia: “Juana, mujer de Chuza intendente de Herodes, y Susana, y otras muchas que le servían de sus bienes.” Lucas 8:13. Vemos que fueron mujeres las que, con sus bienes financiaban el trabajo de Jesucristo como predicador itinerante.

Puede que para una persona sea difícil la tarea, pero si varias se unen se puede lograr mucho. Sin lugar a dudas, alimentar a 13 personas diariamente no era fácil, ni en el tiempo de Jesús, ni hoy en día. Esto se realizó por casi 3 años. Pero vuelvo nuevamente al punto que hacía Jesucristo en todo este tiempo;  ¿dónde estaba invirtiendo todo este capital? En formar a sus discípulos, en enseñarles, en capacitarlos, en ponerlos a prueba para lo que venía.

Me es interesante que todavía hoy en día, algunas personas predican que solamente necesitamos al Espíritu Santo para predicar  y que los seminarios son cementerios. Eso es triste,  porque los discípulos de Jesús pasaron 3 años aprendiendo directamente de la Torah, del escritor de la Torah, del Inspirador, del Revelador. Enseñanzas diarias y prácticas al mismo tiempo. Todo se realizó en un lapso intensivo de aproximadamente 3 años.

Al partir Jesucristo, sus vestidos fueron repartidos y no llevaba cadenas de oro, anillos, ni zapatos costosos, porque la Palabra solamente dice que repartieron sus vestidos. Cualquier persona tildaría a Jesucristo de un fracasado, porque no acumuló nada en esta vida, pero la inversión de Jesucristo, no estaba en bienes raíces, en caballos, u oro. Su inversión estaba en el corazón de sus discípulos, quienes con el mensaje recibido irían a transformar el mundo. ¡Gloria a Dios, por su sabiduría inmensurable!

Jesucristo sabía que todo en la tierra era pasajero. Su mirada siempre estaba en el cielo a donde iba. Allí, es donde nosotros debemos fijar nuestra mirada. Si es bueno crear riqueza, si es bueno trabajar, pero no debemos desenfocarnos. La bendición de Dios es para compartirla con los necesitados. Nuestro trabajo es honrar a Dios para cubrir nuestras necesidades, pero también para honrar al Creador con nuestro esfuerzo.

Mantengamos nuestra mirada firme en lo que vale y recordemos que la polilla y el orín corrompen. La corrosión es algo diario en nuestra vida, como nuestro cuerpo se va desgastando, hasta el monumento más bello tarde o temprano será atacado por los elementos de este mundo, porque todo es pasajero, pero no así lo espiritual que es eterno.

Dios te bendiga.

Roberto Sánchez, D.Min., DBA, Presidente de la Universidad Cristiana Logos.

Visítanos >>>> https://universidadcristianalogos.com/

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