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TEOLOGÍA SISTÉMICA DESDE LA PERSPECTIVA PENTECOSTAL. (PARTE 1) AUTOR: STANLEY M. HORTON

En el siglo 19 surgen en la iglesia los movimientos pentecostés y carismático indican que en este momento histórico sucede algo muy importante Dios ha estado derramando el Espíritu Santo sobre los cristianos, permitiendo llevar sus vidas con santidad y el poder espiritual, El poder divino recibido con el bautismo en el Espíritu.

Desde 1914 con el Concilio General, los pentecostales reconocen la unificación de criterios y el establecimiento de la doctrina siempre partiendo de una reflexión cada vez mayor para dar respuesta a los contextos actuales de la humanidad, basados en el estudio exhausto de las Escrituras, de la teología, la misiología y la historia de la iglesia, como don del Cristo resucitado a su iglesia.

Los fundamentos teológicos

Dios desde el inicio se ha revelado a la humanidad, y es a través de la Biblia que ha puesto de manifiesto su paso redentor en la historia humana. Por ello la buena teología  es escrita por aquellos quienes permiten que sea la revelación Bíblica la que sustente sus puntos de vista, para no quedar nublados por las ideas preconcebidas y los conceptos errados de las personas. En la Teología las conclusiones del hombre han de ser sujetas a la palabra de Dios.

La autoridad religiosa en la teología

La autoridad religiosa se puede comprender como externa cuando comprende aquellas fuentes de autoridad que se hallan fuera de la persona: como la canónica, religiosas y la eclesiástica.

Autoridad canónica: los materiales bíblicos, tales como los que contiene el canon de las Escrituras, son la revelación de Dios que posee la autoridad. A razón de ello todas las cuestiones de fe y conducta están sujetas al escrutinio de la Biblia, de modo que los puntos de fe teológica deben contener apoyo Bíblico.

Autoridad teológica: compuesta por la confesión doctrinal, o credos de la comunidad en general, la fuente de fe y práctica. Sin otorgárseles teológicamente una importancia superior a la de Biblia.

Autoridad eclesiástica: la iglesia misma debe ser la autoridad definitiva en todos los asuntos de fe y practica. Por ello la Biblia, es interpretada solamente por aquellos que han sido especialmente adiestrados para esta tarea. Sin embargo, tal autoridad es susceptible de caer en la mala interpretación por lo que debe ser guiada por el Espíritu Santo y guardar consonancia con las escrituras.

En cuanto a la autoridad interna, se encuentran la experiencia y la razón humana ambas por si solas no pueden ser aceptadas. La experiencia es muy variable y difícil de discernirla; y en cuanto a la razón esta ha permitido muchos errores cuando se realiza solo desde los preceptos humanos sin la guía del Espíritu Santo.

La teología siendo el estudio de Dios y de sus relaciones con todo lo que Él ha creado, debe derivar de la revelación divina “La Biblia”.  

La BIBLIA: palabra inspirada de Dios

La revelación es el fundamento de todas las afirmaciones y pronunciamientos teológicos. Solo lo revelado puede ser conocido, estudiado o explicado. A través de la revelación Dios se da a conocer y su fin es que cada uno llegue a conocerle de forma real y personal.

Aún hoy Dios se sigue revelando de forma tal que el mismo en su plenitud trasciende su propia revelación. (Dt.29:29; Job 36:26; Sal.139:6; Rm. 11:33).

La revelación divina puede ser revelación general, cuando Dios se presenta mediante maneras mediatas y naturales. En la historia  Dios se ha revelado a sí mismo a través de la orientación providencial de la historia humana, como gobernador divino de su universo, él obra en supervisión y dirección. Revelándose por igual en la naturaleza y el universo incluyendo la naturaleza humana.

En cuanto a la revelación especial, se refiere a la auto presentación divina de forma inmediata y sobrenatural. Complementa la auto presentación de Dios en la naturaleza, la historia y la humanidad, y se edifica sobre el fundamento de la revelación general.  Siendo personal, comprensible y progresiva.

A través de Jesucristo revelado en las Escrituras, el hombre conoce a Dios personalmente en una relación redentora. Se le presenta usando categorías humanas de pensamientos y actuación, y decidió revelarse gradualmente a lo largo de muchos siglos.

Es muy importante señalar, que aún cuando la iglesia cristiana ha aceptado la autoridad de las Escrituras, han surgido y continúan surgiendo aquellos que han querido subordinar, condicionar o igualar su autoridad. Por lo que ninguna experiencia o un encuentro personal con Cristo es más que la autoridad misma de las Escrituras, todo debe ser comprobado y juzgado bajo la luz de estas.

El Dios revelado

En la teología se ha clasificado los atributos de Dios y la naturaleza de su ser, pese a ello nuestra comprensión de Dios no se debe basar en presuposiciones acerca de él, o en como queremos que él sea.

Entre los  atributos constitutivos de Dios podemos observar su existencia suprema, él es en sí mismo y a partir de sí mismo, sin depender de nadie más. Por lo tanto es Eterno, no tiene principio ni fin,  tampoco el espacio lo pude limitar ya que es Omnipresente.

Dios es capaz de hacer todo cuanto esta en su naturaleza, llevando a cabo todo su propósito, porque es Omnipotente; es conocedor de todas las cosas, pasadas, presentes, futuras, porque es Omnisciente.

¿Cuál es el nombre de Dios? A lo largo de toda la Escritura, Dios ha usado una diversidad de nombres para mostrar alguna faceta de su personalidad, naturaleza, voluntad o autoridad. Entre sus nombre podemos mencionar: Yahwé, Jehová, Elohim, Adonai, Cristo, Emmanuel, entre otros.

Pese a que Dios se ha revelado la humanidad, esta revelación no es total e inclusive habiéndose manifestado de diversas maneras aún sigue siendo en parte inexplicable, gracias a su naturaleza divina, solo podemos creerlo y describirlo. Dios es Espíritu; no se halla confinado a la existencia material.

Dios Trino, único e indivisible.

La Santísima Trinidad es un misterio que bajo la sabiduría humana es difícil de entender, pero se muestra claramente las tres personas divinas en santa unidad en las sagradas escrituras.

En el Antiguo Testamento se señala “Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza“(Gn. 1:26; 11:7), se muestra que Dios conversa y no está conversando con ángeles, o con otros seres no identificados, se revela claramente en el versículo 27, cuando refiere “a imagen de Dios”. El contexto establece una comunicación interpersonal divina, lo cual requiere una pluralidad de personas dentro de la Divinidad.

De igual forma se muestran otras distinciones personales dentro de la Divinidad cuando se menciona al “Ángel de Yahwé”, le distingue de los demás ángeles, identificándole personalmente con Yahwé, y al mismo tiempo diferenciándolo de él (Gn. 16:7-13; 18:1-21; 19:1-28; 32:24-34), de hecho Jacob dice: “Vi a Dios cara a cara”, al referirse al ángel de Yahwé.

Por otro lado, Zacarías dice en el nombre de Dios acerca de la crucifixión del Mesías: “Y derramare sobre la casa de David, y sobre los moradores de Jerusalén, espíritu de gracia y de adoración; y miraran a mi quien me traspasaron…”, (Zac. 12:10). Evidenciando así una pluralidad dentro de la Divinidad.

En el Nuevo Testamento, el evangelio de Juan inicia con la revelación “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios” (Jn. 1:1). El Verbo entra en el plano de la historia (1:14) como Jesús de Nazaret, siendo él mismo “Dios el solo y único, que está junto al Padre” y quien ha dado a conocer al Padre (1:18).

Jesucristo, Verbo eterno aquel a través del cual Dios Padre creo todas las cosas (Jn. 1:3; Ap. 3:14), se identifica así mismo como el Soberano “Yo Soy” (Jn. 8:58; Ex. 3:14) e inclusive Pablo dice “Y él es antes de todas las cosas y todas en él subsisten” (Col. 1:17).  Jesús está en todas partes (Mt. 18:20) y es inmutable (Heb. 13:8) comparte con el Padre el título de “primero y Último”, y es el Alfa y Omega (Ap.1:17; 22:13).

En Jesús habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad (Col. 2:9), él reclamo la plena divinidad para el Espíritu Santo (Jn. 14:16) al llamarle Parakleton al Espíritu Santo de la misma clase que él. Inclusive en el Salmo 104:30 revela al Espíritu Santo como el Creador.

El Espíritu Santo por ser Dios posee los atributos de la divinidad; él lo escudriña todo (1 Cor.2:10-11) está presente en todas partes (Sal. 139:7-8). Está claro que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo existen eternamente como tres personas distintas, y cada una su propia voluntad separada, aunque nunca en conflicto entre sí (Lc. 2:22) se ve la unidad en el nacimiento de Jesús (Lc. 1:35), en el bautismo (Mt. 3:16), en su resurrección (Rom. 8:11).

La trinidad aunque no se mencione directamente en la Biblia no puede negarse su existencia revelada.  Sin embargo, en la historia varios han refutado la Santísima Trinidad, desarrollando doctrinas que le niegan como las de Irineo contra los gnosticos, Tertuliano contra Praxeas, Orígenes y la escuela de Alexandria, el Monarquismo ó La escuela de Alejandría.

La Trinidad y la doctrina de la salvación

El moralismo y el arrianismo, reducen la doctrina de la salvación desfigurando a la Santísima Trinidad. Sin embargo, la Biblia claramente  presenta a:

En base a ello queda sin fundamento la doctrina del modalismo, del arrianismo y la falsa enseñanza (unitaria) del bautismo solamente en el nombre de Jesús, ya que el mismo Jesucristo estipulo en el Nuevo Testamento  “bautizándolos en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”. (Mt. 28:19)

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